martes, 30 de junio de 2009

UNA CLÍNICA SIQUIATRICA ESPECIAL PARA FERNANDO LUGO

UNA CLÍNICA SIQUIATRICA ESPECIAL PARA FERNANDO LUGO

Una clínica donde Fernando Lugo podría intentar recuperarse de sus aberrantes taras nos describe en este artículo Sanjuana Martínez;


CLINICA PARA CURAS PEDERASTAS

SON LAS «OVEJAS descarriadas» en un país como México donde los religiosos han jugado un papel social muy importante. Por estos tres hogares han pasado curas culpables del pecado más nefando. Así dicen curarse

SANJUANA MARTINEZ

Nada parece llamar la atención tras las verjas y el muro color café de la fachada. La puerta principal está contundentemente cerrada y tampoco las cortinas y el enrejado de las ventanas dan mucho margen para meter la nariz. Sobre la acera, Casa Damasco no se diferencia mucho del resto de viviendas unifamiliares que la rodean. Sólo el claxon de los coches rompe la tranquilidad de este arbolado barrio residencial de clase media del sureste del Distrito Federal.



Un hombre de pelo cano y aspecto sencillo camina por la calle Carteros hasta la entrada, pulsa el telefonillo y se adentra en el edificio. Una hora después otro hombre de aspecto similar repite la operación frente al número 55. Para la Iglesia son «casas de reposo». Para las víctimas de abusos sexuales tienen otro nombre: «guaridas de criminales».

Bajo el aspecto de un programa terapéutico y espiritual, la Iglesia católica mexicana puso en marcha tres «clínicas» para curar la pederastia entre sus sacerdotes. El menú de la terapia combina el tratamiento psicológico con la meditación, el ejercicio físico, la lectura del evangelio y la medicamentos para rebajar el apetito sexual. Quienes sufrieron la avidez criminal de los pacientes de Casa Damasco consideran estos centros como «hoteles de cinco estrellas donde se esconde a criminales».

Actualmente, en México funcionan tres clínicas, dos en la capital azteca, Casa Damasco y Casa Rougier, y otra, Casa Alberione, en el estado de Jalisco. La opacidad de la jerarquía eclesiástica dificulta la obtención de datos. Por la Casa Rougier pasaron, entre 1994 y 2002, 410 religiosos, 30 mujeres y 380 hombres. El 80% de ellos era mexicano. El resto, de 14 países, la mayoría latinoamericanos. En España no existen clínicas semejantes. Los únicos países, además de México, que disponen de establecimientos de este tipo regentados por la Iglesia son Estados Unidos y Argentina.

Basados en el proyecto Génesis, diseñado por el obispo y psicólogo Marcelino Hernández, las clínicas tratan «sacerdotes y religiosos que requieren apoyo en el tratamiento de problemas emocionales, espirituales o de comportamiento». Tras este título se esconden casos de abusos sexuales, alcoholismo, drogadicción, homosexualidad o, simplemente, rupturas del voto de castidad. La jerarquía católica los bautiza como «problemas de conducta» o «comportamientos inadecuados».

Manejados con total discreción para alejar a periodistas y curiosos, los hogares tratan a los pederastas como ovejas descarriadas. Entre sus muros, oran, hacen gimnasia y asisten a terapias psicológicas. Cuando la palabra y el retiro espiritual no logran atenuar sus pulsiones, les atiborran de antidepresivos y hormonas para segar sus desviaciones.

En contraste con la austeridad de Casa Damasco, Casa Alberione se yergue como una fortaleza. Sus almenas esconden un moderno edificio de amplios jardines, cómodas habitaciones, gimnasio, piscina, salas de juegos, comedor y capilla. «Un hotel de cinco estrellas, con instalaciones de primera y personal especializado: psicólogos, médicos, terapeutas, masajistas, directores espirituales y profesores en educación física», revela a Crónica un sacerdote que prefiere mantener el anonimato por miedo a represalias.

«Aquí son enviados, por los obispos de las diócesis de México, los sacerdotes que han embarazado a jóvenes o han cometido el pecado de fornicación [que comprende los abusos sexuales contra menores o las simples rupturas del voto de castidad]», añade el religioso. Mientras, de puertas adentro, la Iglesia intenta purificar el alma de sus curas pecadores, los obispos no olvidan «negociar con las familias de las víctimas para que los casos no trasciendan».

Las víctimas de abuso sexual denuncian que la Casa Alberione da el alta a sus internos, después de tres o seis meses de estancia, sin poner fin a la patología delictiva de la pedofilia. Atendidos por las monjas Pías Discípulas del Divino Maestro, por este hogar han pasado pederastas célebres como el sacerdote Enrique Vásquez de Costa Rica, acusado de violar a cuatro niños y buscado por Interpol, según el expediente 2002/40442, y el padre Heladio Avila Avelar, acusado de violar a tres niños en Guadalajara, en 1996.

Violador confeso, Avila Avelar admitió sus crímenes ante la policía ministerial cuando lo aprehendieron. Fue condenado a 15 años de prisión en 1999, pero salió libre gracias a la intervención de sus superiores eclesiásticos. Después de pasar unos meses en este lugar, el cardenal Sandoval Iñiguez lo restituyó en su ministerio sacerdotal, según consta en el Directorio Eclesiástico de la arquidiócesis de Guadalajara del año 2006.

«La pederastia no es una enfermedad como la gripe o la tos, que se cura con una pastilla o un jarabito», expone Jesús Romero Colín, de quien abusó el cura Carlos López Valdez, acusado de pornografía infantil y corrupción de menores. «Los internan allí sólo para calmar los ánimos de quienes reclamamos justicia», critica esta víctima, «pero luego los reintegran al servicio con monaguillos».

«La Iglesia tiene estas clínicas para tapar a los curas pederastas», acusa José Bonilla, padre de un niño que fue violado con tres años, en el Colegio Oxford de los Legionarios de Cristo, y abogado de víctimas de abuso sexual de sacerdotes. «Los recluyen para sacarlos de la circulación y, de esa forma, protegerlos y desanimar a las víctimas y a sus familiares a seguir con las demandas. Es también para no pagar las indemnizaciones. Todo se reduce a una cuestión económica», subraya Bonilla.

En repetidas ocasiones, Crónica ha tratado, sin éxito, de ponerse en contacto con algún portavoz autorizado de la Archidiócesis Primada de México. En una entrevista reciente, el portavoz Hugo Valdemar reconoció la existencia de estas casas de rehabilitación, aunque precisó que «no necesariamente» sirven para tratar casos de pederastia, «sino todo tipo de problemas psicológicos». «Es de gran ayuda para los sacerdotes con trastornos adictivos, como alcoholismo, depresión o ansiedad. No se trata de ningún nido de criminales», aseveró.

EXPULSADOS

El padre Valdemar admitió que se atiende a los presuntos pederastas mientras dura el proceso legal. «Las acusaciones pueden afectar mucho al sacerdote, pero si se comprueban son expulsados de la Iglesia», sentenció el responsable religioso en el periódico La Opinión de Los Angeles, diario de habla hispana.

Según el portavoz, «no es vergonzoso ayudar a quienes requieren de auxilio». «No tememos nada, las casas están ahí, que investiguen las autoridades si hace falta», sugirió Valdemar. Pero, tras la contundencia de su palabras, el hermetismo que rodea a estas clínicas para pederastas recuerda al aire pesado e intrigante que se respira junto a los muros de Casa Damasco.

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